lunes, 4 de septiembre de 2017

Star Wars Hitos: La Semilla de la Insurrección, el rolato (4 de 4)




(Puedes leer la primera parte de este rolato aquí, la segunda aquí y la tercera aquí)


Capítulo IV · Héroes de la Alianza Rebelde

Una transmisión urgente interrumpió la quietud de la Star Wanderer: se trataba de Breeto, el secretario del gobierno del planeta Duros que, ataviado con un pasamontañas que le habría proporcionado un aspecto bastante cómico de no ser por la premura con la que se dirigía a los protagonistas de nuestra historia, les comunicaba que el comando de la resistencia que estaba organizando había sido descubierto y que huía a Silfegra de inmediato. La comunicación se cortó abruptamente tras escucharse unos disparos, así que pusieron rumbo a la base rebelde de Silfegra.
Al arribar se percataron de que en efecto la insurrección iba tomando forma. Numerosas naves de diferentes lugares del espacio se reunían allí para formar parte de la causa Rebelde, por lo que cientos de transportes y naves de combate de variables formas y tamaños se agolpaban entre los gigantescos árboles de Silfegra. Tras encontrar a Deros, mantuvieron con él una reunión al más alto nivel: el líder de la base compartía ahora el peso de las decisiones tácticas con un número creciente de embajadores, líderes políticos y estrategas militares de diferentes razas, de entre los que destacaban un grupo de mon calamari y una humana, que respondía al nombre de Mon Mothma. Todos felicitaron a los protagonistas por la hazaña del destructor “Amenazador”, por el abatimiento de “nº 8” y por haber obtenido una información tan valiosa como la que les brindaban en estos momentos.

Tras una breve conversación con los otros mandatarios en una tienda de campaña anexa, Deros compartió con nuestros héroes la siguiente información: al parecer, la base llamada “Invernadero”, localizada en la cara oculta de la luna volcánica Taldaria, (que orbita alrededor del planeta Kharpeas) está dirigida por Lord Rim-Helm: ni más ni menos que un lord Sith, que aparentemente no ha abandonado esa ubicación en años y que es uno de los principales artífices de la logística empleada por el autoproclamado Emperador Palpatine para su alzamiento. Añadió con asertividad que les confiaba la misión de acabar con esa base secreta a ellos, dadas las muestras de valentía y capacidad operativa que habían dado hasta el momento. Esto sumió a nuestros héroes en el desasosiego, puesto que un lord Sith era un enemigo temible, al que no serían capaces de derrotar, pero la revelación que siguió fue aún más inesperada: Deros les instaba a averiguar el paradero exacto del último de los maestros Jedi conocidos: Taar-Nai, cuyo último paradero conocido era Culmeria, un diminuto planeta relativamente cercano a Kharpeas.

Se produjo un debate intenso en el que una parte de nuestros héroes pretendía partir de inmediato a Culmeria en la lanzadera Lambda, pero Kara se negó a abandonar a su Star Wanderer en Duros, por lo que iniciaron la misión de rescate de su nave en seguida. Para ello planearon una maniobra de distracción, ya que la nave estaría bien vigilada por fuerzas imperiales. Birka se encargaría de llamar la atención de los soldados que custodiaban el carguero mediante unas explosiones a una distancia prudencial. Posteriormente entablaría combate y huiría, pero tras esta refiega se quedaría en Duros junto con varios efectivos a sus órdenes para tratar de reorganizar el comando recién desmantelado.

Accedieron al planeta ocupado por el Imperio con facilidad debido que viajaban en una nave imperial y localizaron a la Star Wanderer en el mismo hangar donde la habían estacionado… solo que ahora se encontraba rodeada por multitud de soldados de asalto. Esto no supuso un problema en absoluto, ya que aún guardaban las armaduras que habían utilizado para infiltrarse en el destructor imperial con anterioridad.

Pero cuál fue la sorpresa de Kara al bajar la rampa de acceso de su carguero ligero y toparse de frente con una rodiana ataviada con ropa de mercenario que, sorprendida por la irrupción, le pidió sin mucha amabilidad que abandonase de inmediato su nave, que ya habían cumplido el encargo y que, “si no recordaba mal”, su superior ya le había hecho entrega de la nave que solicitó como pago. Kara montó en cólera y ambas se encañonaron a la par. Eencro, que subía inmediatamente detrás de Kara, reconoció en seguida a su antiguo amor, la rodiana que le había robado todos sus créditos junto a su corazón largo tiempo atrás. No tuvo sin embargo tiempo de advertir a Kara de la falta de piedad de la aviesa rodiana, que disparó a Kara en el hombro, haciéndola a un lado. Eencro abrió fuego con todo el valor del que pudo hacer acopio en tan solo un segundo y con un disparo acabó con la vida de quien en el ayer le había robado la suya. Sus compañeros le sobrepasaron mientras aún observaba a la líder mercenaria, sin duda recordando momentos de su pasado juntos. En la bodega encontraron a toda una banda de mercenarios armados hasta los dientes con los que entablaron un fugaz combate: en cuestión de segundos estaban las paredes de la bodega salpicadas de fluidos semitransparentes producto de los impactos sobre los alienígenas. El único superviviente proclamó su rendición mientras corría por su vida rampa abajo, justo cuando Kara, algo repuesta, transmitía a los repulsores toda la potencia que podían para huir velozmente de la patrulla de cazas imperiales que los persiguió hasta que pudieron saltar al hiperespacio.

Pusieron rumbo a Culmeria, previa orden a T7, el fiel droide astromecánico de Helo Tigh, de que llevara la lanzadera Lambda a Silfegra. El droide partió de inmediato tras emitir una serie de pitidos que su propietario supo interpretar. Mientras tanto, Yo Kwai investigaba en la exonet y descubría que se trataba de un planeta de tamaño reducido, cuya superficie estaba básicamente compuesta de agua y millones de islas de diverso tamaño, si bien la mayoría eran poco extensas. Al llegar hicieron varias pasadas sobre la superficie, dejando estelas sobre mar y tierra alternativamente, pero los sensores no localizaban ninguna pista en absoluto. Fue entonces cuando Yo Kwai comenzó a sentir una perturbación en la Fuerza. Concentró todo su ser en esa sensación, que era más intensa que nunca, y logró ver, sentir, adivinar, visualizar, en suma, saber a ciencia cierta la localización exacta del maestro Jedi al que buscaban. Una explosión de júbilo recorrió a Yo Kwai y Helo Tigh, que se fundieron en un abrazo: ¡por fin encontrarían a un verdadero maestro Jedi que les ayudaría a mejorar sus habilidades!

Hicieron tierra en una explanada en la isla señalada por el Jedi Quijotesco, junto a la entrada de una cueva de aspecto poco acogedor. Sin embargo, nuestros aventureros aspirantes a Jedi se internaron en ella con premura (ahogando el sentimiento de excitación, preparándose para el encuentro con su futuro maestro). Un ensanchamiento de la caverna les dio la bienvenida mediante un hedor insoportable producto de varias montañas de huesos con carne podrida aún adherida a muchos de ellos.

Gracias a la profunda perturbación que Yo Kwai podía sentir en la Fuerza, avanzaban con seguridad por los abundantes ramales de los túneles como si supieran exactamente qué camino tomar. Tan sólo se detuvieron una vez más, cuando localizaron una gruta mucho más adelante, a la izquierda, de la que emanaban unos gases claramente dañinos. Yo Kwai sabía a ciencia cierta que alguna pertenencia importante para el maestro yacía al fondo de la cueva. Fue Hagg quien arriesgó su vida para lograr asir una especie de tubo que reposaba bajo unas piedras al fondo de la gruta: ¡se trataba de un sable láser! En seguida se lo ofreció a Yo Kwai, ya que Helo ya poseía uno. Aunque Helo lo llamaba al modo antiguo: “sable de luz”. En cualquier caso era un hallazgo magnífico.

No obstante, la felicidad del grupo se vio truncada cuando llegaron al final del túnel: un derrumbe había imposibilitado progresar hasta el supuesto cubículo secreto del maestro Jedi. Comenzaron a retirar piedras, pero al parecer el ruido que generaron llegó a oídos de la manada de wampas de cueva que habitaba la otra sección de la caverna. Se trataba de unas bestias monstruosas, de igual aspecto que sus primos de hábitats helados, como los que se pueden encontrar en Hoth, pero que carecen de pelo alguno y son de un tamaño un poco más reducido. Se aproximaron hacia ellos a toda velocidad, corriendo a cuatro patas como lo haría un homínido, pero babeando por su avidez de carne fresca. Y por el horrible sonido que producían, eran muchos. Hagg mantuvo la calma, localizó en el techo una piedra enorme que estaba pronta a derrumbarse, esperó al momento correcto y disparó su bláster con la puntería habitual, haciendo caer el pedrusco sobre los dos primeros wampas, que quedaron aplastados por completo y así, además, impidió la entrada de nuevos depredadores. Respiraron tranquilos, al menos por el momento, y acabaron de dejar el camino expedito.

Cuando accedieron a la estancia del final de la gruta descubrieron que ya no se trataba de un cubículo, sino que ahora era una tumba: algunas aberturas en el techo proyectaban delgadas columnas de luz tenue que iluminaban todo ese polvo en suspensión. Delante de ellos había una puerta que llevaba cerrada muchos años y que probablemente estuviera camuflada por su otra cara. En la estancia, de planta ovalada, yacía el cuerpo del maestro Jedi Taar-Nai. Tras tratar de encajar la decepción lo mejor que pudieron, buscaron en lo que había sido su morada estos últimos años, y encontraron unos manuscritos del propio Taar, que había abandonado el uso de toda tecnología para evitar ser descubierto por el Imperio. En ellos revelaba a quien los encontrara una información de vital importancia: Taar-Nai había sido el maestro del propio Lord Rim-Helm, y conocía su secreto: el lord Sith incrementaba su poder mediante el suministro constante de una droga de su propia invención, para lo cual había fabricado un micro inyector automático que portaba siempre a su espalda. Cuando descubrió hasta qué punto su padawan había pervertido el uso de la tecnología a raíz de su conversión al Lado Oscuro y comenzó la persecución a los Jedi, se ocultó en esta cueva, que le vio morir al cabo de los años.

Nuestros héroes abandonaron la tumba de Taar-Nai y se aproximaron a la Star Wanderer, cuando recordaron que Yo Kwai había percibido otra pertenencia del maestro en la caverna, y decidieron volver a investigarla. Retornaron a la primera entrada y pronto encontraron un lago subterráneo donde localizaron a un droide astromecánico que llevaba mucho tiempo abandonado allí, a juzgar por la avanzada corrosión que le impedía volver a funcionar. Este nuevo fiasco volvió a atraer a los wampas restantes, que fueron eliminados por parte de Doort y Eencro, quienes, con un coraje inusitado, descargaron sobre ellos decenas de fogonazos láser que acabaron tanto con algunas de las bestias como con la penumbra de la cueva. Pero venían más, y eran demasiados, así que huyeron a toda prisa a la Star Wanderer, que despegó destino a Taldaria, la luna de Kharpeas.

Tras un corto trayecto, escanearon la superficie de Taldaria y llegaron a la conclusión de que no tenía tanta actividad volcánica en la superficie como el planeta alrededor del cual orbitaba, aunque el suelo de la luna era impracticable, pues tras siglos de erupciones la corteza había quedado compuesta en su mayoría por ríos de lava solidificados. Lo peor era que no había ni rastro de una base de investigación científica Imperial… tan solo un pequeño puesto avanzado ubicado sobre una estructura metálica, con un muelle para motos speeders de exploración y varios soldados que, aparentemente, eran de un tipo desconocido para ellos, pues se movían con una agilidad desconocida.

Posaron la Star Wanderer en un lugar cercano y avanzaron con dificultad hasta el puesto avanzado, donde sorprendieron a los soldados de asalto, rodeándoles y apuntándoles al unísono. Intentaron convencerles de que les revelasen la ubicación de la entrada secreta a la base, pero de forma infructuosa. Justo en ese momento, uno de los stormtroopers se escabulló velozmente, realizó un salto imposible hasta una de las motos aéreas y comenzó su huida. Varios de los héroes le persiguieron en sendas motos, esquivando algunos géisers ocasionales que amenazaban con vaporizarles, hasta que al final le alcanzaron con sus blásters y acabó convertido en una explosión que se desvaneció en breve. Mientras tanto, el resto del grupo ató y aturdió a los soldados y por fin los protagonistas localizaron la base mediante las consolas del puesto avanzado. Se trataba de una puerta circular ubicada en el suelo, oculta mediante un campo de camuflaje, por la que se accedía a la base mediante un túnel vertical de varios kilómetros de profundidad.

Para entrar en la base, idearon el siguiente plan audaz: uno se haría pasar por un soldado de asalto indispuesto, lo llevarían a la enfermería y de este modo se infiltrarían en la base. Solicitaron la apertura de la puerta, que apareció ante sus ojos, y descendieron a toda velocidad por el túnel hasta llegar a un área más amplia, en la que dejaron las motos. Llegaron a la enfermería vestidos de soldados de asalto tras convencer al cabo que les inquiría acerca de lo ocurrido de que no había tiempo para eso. En la enfermería solo había un droide médico, al que fue fácil despistar. Localizaron un mapa de las instalaciones desde un terminal de la misma enfermería. Al parecer, la base se alimentaba de la energía termal del centro de la luna, y cada planta del edificio se internaba más y más en el interior, hasta la última de ellas, en la que debía encontrarse el despacho personal de Lord Rim-Helm. Se escabulleron y localizaron el ascensor principal. Entonces se les ocurrió plantar detonadores térmicos en todas las plantas, de modo que pudieran acabar con la siniestra instalación científica de forma concluyente y de una vez por todas. Eso hicieron, y en el proceso no fueron detectados por nadie. Pero cuando retornaron a la planta superior para huir antes de que se produjeran las detonaciones, un destacamento completo de soldados de asalto les estaba esperando, liderado por el propio Lord Rim-Helm, un hombre de altura considerable, de buena planta, con el pelo canoso y bien parecido, que con una sonrisa de superioridad y una voz profunda les recriminó que se hubieran inmiscuido en su base como “ratas del espacio”.

Nuestros héroes no le dieron tiempo a producir ningún discurso y abrieron fuego contra él, que desvió todos los disparos mediante un sable láser de color morado oscuro. Pero justo cuando los soldados iban a abrir fuego y acabar con nuestros protagonistas, Yo Kwai se percató de que detrás del lord Sith había un gran contenedor de combustible, lo gritó a sus compañeros y Eencro abrió fuego sobre el depósito, lo que produjo una formidable deflagración que lanzó a los soldados por los aires y a su cabecilla al suelo. En ese momento los blásters de nuestros héroes impactaron sobre la espalda del Sith, donde se situaba su inyector automático, que estalló con un pequeño chispazo. El malvado comandante Imperial sólo puedo emitir un alarido de rabia al tiempo que lanzaba su sable láser hacia sus oponentes mientras éstos acababan con él. El sable de luz cercenó la pierna derecha de Hagg Demut a la altura de la rodilla, al tiempo que cauterizó la herida. Hagg profirió un terrible rugido a la par que esbozaba algo parecido a una sonrisa mientras caía al suelo: perder una pierna era un precio bajo por ver derrotado al verdugo de su hermano. 

Alcanzaron las motos bajo el fuego enemigo y huyeron a toda velocidad hacia arriba. Cruzaron la puerta circular justo cuando comenzaban las explosiones a hacer añicos la principal base de investigación Imperial.

Una vez de vuelta en Silfegra, ya recuperados, (incluido Hagg, que ahora se valía de una pierna robótica que no ocultaba y de hecho llevaba orgulloso, como una suerte de trofeo) fueron condecorados por Mon Mothma y Deros Ferlay en la primera ceremonia en la que la recién nacida Alianza Rebelde distinguía a sus primeros héroes de guerra.


Sin duda, habían plantado la semilla de la insurrección...


¿Continuará?

Nota del autor: si has leído el rolato completo, quiero que sepas que te estoy sinceramente agradecido. Me gustaría que lo anunciases en los comentarios para así podértelo decir personalmente. ¡Espero que te haya gustado! ;) Y por supuesto: ¡que La Fuerza te acompañe! :D

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